Usa lo que ya ocurre: el sonido de la cafetera, el espejo del baño, el timbre de un recordatorio. Cada señal actúa como interruptor. Si decides de antemano qué gesto sigue a cada señal, eliminas dudas, reduces demoras y conviertes pequeñas intenciones en acciones inevitables y tranquilas.
Micromovimientos requieren tan poca energía que no activan resistencia. Diez segundos de activación de glúteos tras sentarte, tres respiraciones profundas al cerrar una pestaña, una rotación de hombros antes de abrir la puerta. Acumulados, estos depósitos discretos generan interés compuesto físico y mental sorprendentemente potente.